¿Te ocurre algo de esto?

Entender qué está intentando hacer tu mente y tu cuerpo es una parte importante del proceso.

Lo que haces bien parece lo normal; lo que sale mal ocupa rápidamente todo el espacio.

Restas importancia a lo que consigues o piensas que cualquiera podría haberlo hecho.

Aunque racionalmente puedas relativizarla, algo dentro de ti sigue dándole vueltas.

Saber que alguien está contento contigo, te valora o aprueba lo que haces te tranquiliza.

Y casi siempre encuentras algo en los demás que parece demostrar que tú deberías ser diferente, hacer más o estar en otro lugar.

Decir que no, pedir algo o priorizarte puede hacerte sentir egoísta o culpable.

No piensas solo “esto me ha salido mal”. Aparece rápidamente “no soy suficientemente bueno/a”.

Has estado tanto tiempo pendiente de cumplir, agradar o responder a lo que se esperaba de ti que escucharte puede resultar difícil.

“Sé que soy demasiado duro/a conmigo, pero no sé hacerlo de otra manera.”
Muchas veces somos conscientes de cómo nos tratamos.
Lo difícil no es verlo. Es cambiar esa forma de relacionarnos con nosotros mismos.

La autoestima no consiste en gustarte todo el tiempo.

No necesitamos sentirnos seguros, capaces o satisfechos con nosotros mismos todos los días.

La autoestima tampoco consiste en repetirnos que somos maravillosos hasta conseguir creerlo. Tiene más que ver con la relación que mantenemos con nosotros cuando las cosas no salen bien.

Cómo nos hablamos cuando nos equivocamos. Qué pensamos cuando alguien nos rechaza. Cómo respondemos cuando sentimos miedo o inseguridad. Si podemos reconocer nuestras necesidades. Si sentimos que tenemos derecho a poner límites. Si nuestro valor depende constantemente de hacerlo bien, agradar o cumplir determinadas expectativas.

Quizá la pregunta no sea solo

“¿Qué pienso de mí?”

 

También:

“¿Cómo me trato cuando más me necesito?”

La voz con la que te hablas
también tiene una historia.

Nuestra forma de vernos no aparece de la nada. Se construye a través de nuestras experiencias, relaciones, mensajes recibidos, expectativas, comparaciones y de la manera en la que aprendimos a conseguir aceptación, reconocimiento o seguridad. 

¿Todas estas frases empezaron realmente contigo?

¿Cómo trabajamos la autoestima
y la relación contigo?

No existe una única forma de trabajarla porque tampoco existe una única causa. El proceso comienza comprendiendo cómo se manifiesta la ansiedad en ti, cuándo aparece, qué situaciones la activan y qué función puede estar cumpliendo. A partir de ahí trabajamos diferentes aspectos según las necesidades de cada persona.

01 · Observar

Empezamos identificando cómo te relacionas contigo: qué te dices, qué te exiges, qué necesitas de los demás y qué ocurre cuando cometes un error, recibes una crítica o sientes que no cumples las expectativas.

02 · Comprender

Exploramos cómo se ha construido esa forma de verte y qué experiencias, relaciones o aprendizajes pueden estar relacionados con ella.

03 · Trabajar

Abordamos las emociones y experiencias que continúan sosteniendo determinadas creencias sobre ti, utilizando los recursos terapéuticos adecuados para cada persona.

04 · Construir

Trabajamos una relación contigo más flexible y segura, donde puedas reconocer tus necesidades, poner límites, aceptar tus dificultades y valorar quién eres sin depender constantemente de la aprobación externa.

Autoestima, relaciones y experiencias anteriores

La forma en que nos vemos puede estar marcada por experiencias de crítica, rechazo, bullying o abandono, en las que aprendimos que debíamos agradar o rendir para sentirnos queridos.

Aunque hayan terminado, pueden seguir presentes pensamientos como:

«No soy suficiente»,
«Algo está mal en mí»
«Si me conocen de verdad, no me van a querer».

En terapia podemos trabajar estas experiencias mediante distintos abordajes, incluido EMDR, cuando resulte adecuado.

La autoexigencia a veces se parece mucho a la responsabilidad.

La autoexigencia puede parecer compromiso, responsabilidad o deseo de hacer las cosas bien. La dificultad aparece cuando solo nos sentimos en paz con nosotros mismos si cumplimos ciertas condiciones:

«Cuando termine, podré descansar.»
«Cuando lo haga perfecto, estaré tranquilo/a.»
«Cuando los demás estén bien, podré pensar en mí.»

Pero la meta vuelve a desplazarse y nunca llega el momento de sentir que somos suficientes.

Trabajar la autoexigencia significa seguir esforzándonos sin que nuestro bienestar y nuestro valor dependan únicamente de lo que conseguimos.

PSICOLOGÍA INFANTIL Y ADOLESCENTE

La autoestima también se construye durante la infancia y la adolescencia

Antes de aprender a valorarnos, aprendemos cómo nos miran los demás.
En la infancia construimos nuestra imagen a través de las experiencias y las relaciones importantes.

Las dificultades de autoestima pueden expresarse como inseguridad, autoexigencia, búsqueda de aprobación o miedo a equivocarse. También como enfado ante los errores o evitación de lo que creemos que no haremos bien.

En la adolescencia ganan peso la identidad, el grupo, la imagen corporal y la comparación.

«No puedo.»
«Soy malo/a en todo.»
«Todos lo hacen mejor que yo.»

Acompañamos a niños y adolescentes a construir una mirada más segura sobre sí mismos, comprendiendo también qué necesitan de su entorno.

DESHACIENDO NUDOS, TEJEMOS EL FUTURO

No tienes que convertirte en otra persona para sentirte mejor contigo.

para empezar a tratarte de otra manera.