¿Te ocurre algo de esto?

Entender qué está intentando hacer tu mente y tu cuerpo es una parte importante del proceso.

Sabes que algo no te hace bien, pero decir “no” te genera culpa o miedo a decepcionar a la otra persona.

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Un silencio, un cambio de tono o un mensaje que tarda en llegar puede hacerte pensar que algo ocurre.

Te resulta más fácil identificar lo que necesita otra persona que preguntarte qué necesitas tú.

Una discusión puede sentirse como algo mucho mayor: rechazo, abandono o la posibilidad de perder la relación.

Incluso cuando quieres a alguien, una parte de ti permanece alerta o espera que en algún momento pueda hacerte daño.

La intimidad puede hacerte sentir incómodo/a, vulnerable o con la necesidad de recuperar distancia.

Cambian las personas, pero vuelven dinámicas, emociones o dificultades que ya habías experimentado antes.

Intentas evitar que se enfaden, se decepcionen o sufran, incluso cuando eso significa dejar tus propias necesidades en segundo plano.

“No entiendo por qué siempre termino sintiéndome igual.”
A veces sabemos perfectamente qué tipo de relación queremos y, sin embargo, acabamos reaccionando de maneras que nosotros mismos no comprendemos. No significa que elijamos conscientemente sufrir.
Nuestra forma de relacionarnos también tiene una historia.

A veces no reaccionamos solo a lo que está pasando ahora.

Desde nuestras primeras relaciones vamos construyendo una idea sobre qué podemos esperar de los demás y qué necesitamos hacer para sentirnos seguros dentro de un vínculo.

  • Aprendemos si podemos pedir ayuda.
  • Si nuestras necesidades serán escuchadas.
  • Si mostrar lo que sentimos es seguro.
  • Si podemos confiar.
  • Si necesitamos adaptarnos para mantener el vínculo.

Estas experiencias forman parte de nuestra manera de relacionarnos y pueden influir posteriormente en nuestras relaciones de pareja, familiares, amistades e incluso en la relación que tenemos con nosotros mismos.

A esto lo llamamos apego.

No se trata de buscar culpables ni de encajar a cada persona dentro de una etiqueta.

Se trata de comprender cómo aprendimos a protegernos dentro de nuestras relaciones y si esas formas de protección siguen siendo necesarias hoy.

Aprendemos a relacionarnos relacionándonos.

Lo que para alguien puede ser simplemente una situación incómoda, para otra persona puede activar emociones mucho más profundas.

A veces la intensidad de lo que sentimos no pertenece únicamente a lo que está ocurriendo en ese momento.

Dos personas pueden estar viviendo la misma relación desde necesidades de seguridad muy diferentes.

¿Cómo trabajamos las relaciones y el apego?

No existe una única forma de trabajarla porque tampoco existe una única causa. El proceso comienza comprendiendo cómo se manifiesta la ansiedad en ti, cuándo aparece, qué situaciones la activan y qué función puede estar cumpliendo. A partir de ahí trabajamos diferentes aspectos según las necesidades de cada persona.

01 · Identificar

Observamos qué situaciones se repiten en tus relaciones, qué emociones aparecen y cómo sueles responder cuando sientes inseguridad, rechazo, distancia o conflicto.

02 · Comprender

Exploramos tu historia relacional y las experiencias que pueden haber contribuido a construir esas formas de protegerte y vincularte.

03 · Reparar

Cuando existen experiencias relacionales que continúan generando malestar, podemos trabajar sobre ellas para que dejen de activar las mismas respuestas en el presente.

04 · Relacionarte de otra manera

Trabajamos límites, comunicación, regulación emocional y nuevas formas de vincularte desde una mayor seguridad, pudiendo reconocer tanto tus necesidades como las de los demás.

Cuando nuestras relaciones también tienen heridas.

Algunas experiencias pueden modificar profundamente la manera en la que aprendemos a confiar y relacionarnos.

Situaciones de abandono, rechazo, pérdidas, relaciones impredecibles, violencia, abuso, negligencia o experiencias en las que nuestras necesidades emocionales no pudieron ser atendidas pueden seguir influyendo en relaciones posteriores.

No significa que todas las dificultades relacionales tengan su origen en un trauma.

Pero cuando existen experiencias anteriores que continúan activándose en el presente, podemos trabajar sobre ellas mediante diferentes abordajes de psicoterapia del trauma, entre ellos EMDR, cuando sea adecuado.

El objetivo no es cambiar nuestra historia.

Es conseguir que nuestra historia no tenga que repetirse en cada nueva relación.

Tener un vínculo seguro no significa no tener conflictos.

Una relación saludable no es aquella en la que nunca hay diferencias, enfados o momentos difíciles. Es aquella en la que podemos sentir que seguimos siendo nosotros mismos dentro de la relación.

Significa poder decir que no, pedir lo que necesitamos y aceptar que la otra persona puede necesitar algo diferente. Mostrar vulnerabilidad, tolerar cierta incertidumbre y atravesar un conflicto sin sentir necesariamente que el vínculo está en peligro.

Acercarnos sin perdernos y tomar distancia sin sentir que estamos abandonando o siendo abandonados. Porque vincularnos no debería exigirnos desaparecer para que el otro se quede.

PSICOLOGÍA INFANTIL Y ADOLESCENTE

El apego empieza mucho antes de las relaciones de pareja

Los niños necesitan de otros para aprender a sentirse seguros.

Durante la infancia, las relaciones con las figuras de referencia son fundamentales para el desarrollo emocional.

A través de ellas, niños y niñas van aprendiendo a reconocer lo que sienten, pedir ayuda, calmarse, explorar el mundo y construir progresivamente su propia seguridad.

A veces las dificultades aparecen como una gran necesidad de estar cerca del adulto, miedo a separarse, rabietas intensas, problemas para aceptar límites, rechazo, dificultad para confiar o comportamientos que pueden resultar difíciles de comprender.

En otras ocasiones, el niño parece excesivamente independiente y no pide ayuda incluso cuando la necesita.

Por eso no trabajamos únicamente sobre la conducta.

Intentamos comprender qué necesidad puede estar expresándose detrás de ella y acompañamos también a la familia para construir nuevas formas de conexión, seguridad y regulación emocional.

DESHACIENDO NUDOS, TEJEMOS EL FUTURO

No tienes que elegir entre cuidarte tú o cuidar tus relaciones.

Comprender cómo aprendiste a relacionarte puede ayudarte a elegir cómo quieres relacionarte ahora.