¿Has observado algo de esto?

Entender qué está intentando hacer la mente y el cuerpo es una parte importante del proceso.

Reacciona con mucha intensidad ante situaciones que antes gestionaba de otra manera.

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Le cuesta separarse, quedarse solo/a, dormir, afrontar determinadas situaciones o necesita asegurarse continuamente de que todo está bien.

No quiere ir, ha bajado su rendimiento, le cuesta concentrarse o han aparecido dificultades con compañeros/as.

Dolores de barriga, cabeza u otras molestias aparecen repetidamente sin que siempre exista una causa física que las explique.

Tiene dificultades para conciliar el sueño, se despierta, aparecen pesadillas o necesita mayor presencia del adulto.

Habla menos de lo que le ocurre, evita planes o parece haberse alejado de amigos, familia o actividades que antes disfrutaba.

Un error, un examen o la opinión de los demás pueden generarle un malestar desproporcionado.

Una separación, una pérdida, un cambio familiar, problemas entre iguales, una enfermedad u otras experiencias pueden estar afectándole más de lo que consigue expresar.

“Le pregunto qué le pasa y me dice que nada.”
Puede que realmente no sepa cómo explicarlo.

El comportamiento también comunica.

Cuando un niño tiene una rabieta, evita una situación, necesita constantemente a un adulto, se bloquea o empieza a comportarse de una forma diferente, es fácil centrarnos únicamente en conseguir que esa conducta desaparezca.

Pero podemos hacernos otra pregunta:

¿Qué puede estar intentando expresar con este comportamiento?

Detrás de una conducta puede haber miedo.

  • Frustración.
  • Inseguridad.
  • Vergüenza.
  • Tristeza.
  • Una necesidad de conexión.
  • Dificultad para regular una emoción demasiado intensa.
  • O una experiencia que todavía no puede comprender.

No significa que detrás de cada comportamiento exista un problema psicológico.

Significa que para ayudar a un niño necesitamos intentar comprender qué le ocurre, no únicamente qué hace.

Cuando un niño llega a consulta,
también llega su familia.

El niño o adolescente no vive aislado.

Forma parte de una familia, un colegio, unas relaciones y un momento concreto de su desarrollo.

Por eso el trabajo terapéutico no se centra únicamente en él o ella.

Dependiendo de la edad y de la situación, trabajamos también con madres, padres o cuidadores para comprender qué está ocurriendo, ofrecer herramientas y favorecer un entorno que ayude al menor a recuperar seguridad y bienestar.

No buscamos culpables.

Buscamos comprender juntos qué necesita ese niño o adolescente y cómo podemos ayudarle.

“¿Lo que le pasa es normal para su edad o necesita ayuda?”

No todos los cambios de comportamiento indican que exista un problema psicológico.

Los niños y adolescentes están creciendo y atravesando etapas en las que aparecen miedos, conflictos, frustración, necesidad de autonomía y emociones intensas.

Podemos prestar atención cuando el malestar:

No necesitas saber si “es suficientemente importante” antes de consultar.

Podemos valorarlo juntos.

¿Cómo trabajamos con niños, niñas y adolescentes?

No existe una única forma de trabajarla porque tampoco existe una única causa. El proceso comienza comprendiendo cómo se manifiesta la ansiedad en ti, cuándo aparece, qué situaciones la activan y qué función puede estar cumpliendo. A partir de ahí trabajamos diferentes aspectos según las necesidades de cada persona.

01 · Comprender

Empezamos escuchando qué preocupa a la familia y recogiendo información sobre el menor, su historia, su desarrollo, sus relaciones y el momento que está atravesando.

02 · Crear seguridad

Construimos progresivamente un espacio en el que el niño/a o adolescente pueda sentirse seguro, respetado y comprendido.

03 · Acompañar y trabajar

Abordamos las emociones, dificultades o experiencias que están generando malestar mediante las herramientas terapéuticas adecuadas para cada caso y momento evolutivo.

04 · Involucrar a la familia

Acompañamos también a las figuras adultas de referencia para comprender las necesidades del menor y favorecer nuevas formas de regulación, comunicación y vínculo dentro de la familia.

Cuando han vivido una experiencia difícil

Los  y las niñas y adolescentes también pueden vivir situaciones que superan sus recursos para comprenderlas y procesarlas. Pérdidas, separaciones, cambios familiares, bullying, rechazo, violencia, enfermedades o accidentes pueden generar miedo, indefensión o un impacto emocional importante.

No todos reaccionan de la misma manera: algunos hablan, otros se enfadan y otros parecen no mostrar nada. Por eso valoramos al niño, su historia y su entorno, no únicamente el acontecimiento que ha vivido.

Cuando resulta adecuado, trabajamos estas experiencias mediante abordajes especializados en psicotraumatología y EMDR, adaptados a la edad y las necesidades del menor.

Un equipo con experiencia específica en infancia,
adolescencia y familia

Ainhoa cuenta con una larga trayectoria de especialización en intervención infantojuvenil, trauma y apego, y el equipo incorpora profesionales con experiencia específica en infancia, adolescencia, familia, protección a la infancia, ámbitos socioeducativos y psicoterapia. La propia información aportada por Ainhoa destaca además el trabajo de Itziar Aranguren con infancia, adolescencia y familias y el de Ana Laguardia con población adulta e infantojuvenil.

Trabajamos de manera coordinada y supervisamos los casos semanalmente para cuidar la calidad de la intervención y también a las profesionales que acompañan cada proceso.

No es lo mismo ser niño que ser adolescente.

Infancia

Durante la infancia, el juego, el comportamiento, el cuerpo y las relaciones son formas fundamentales de expresión.

Podemos acompañar dificultades relacionadas con miedos, ansiedad, regulación emocional, autoestima, relaciones, apego, experiencias difíciles, pérdidas o cambios importantes en la vida del menor.

El trabajo se adapta a su desarrollo y se realiza en coordinación con la familia cuando es necesario.

 

Adolescencia

La adolescencia implica cambios profundos en la identidad, las relaciones, el cuerpo, la autonomía y la forma de entender el mundo.

Pueden aparecer ansiedad, inseguridad, elevada autoexigencia, dificultades de autoestima, conflictos familiares, aislamiento, problemas en las relaciones o experiencias que el adolescente no sabe cómo compartir.

 

La terapia ofrece un espacio propio donde poder hablar sin sentirse juzgado/a, comprender lo que está ocurriendo y desarrollar recursos para afrontar esta etapa.

DESHACIENDO NUDOS, TEJEMOS EL FUTURO

No tienes que elegir entre cuidarte tú o cuidar tus relaciones.

Comprender cómo aprendiste a relacionarte puede ayudarte a elegir cómo quieres relacionarte ahora.